Lectio Divina Vocacional

2. La Anunciación del Ángel a María
1. El Joven Samuel

El joven Samuel servía al Señor al lado de Elí. En aquellos días era rara la palabra de Señor y no eran frecuentes las visiones.

 

Un día Elí estaba acostado en su habitación. Sus ojos habían comenzado a debilitarse y no podía ver. La lámpara de Dios aún no se había apagado y Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde se encontraba el Arca de Dios.

Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,  a una virgen desposada con un hombre que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María.

 

Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: Dios te salve, llena de gracia, el Señor está  contigo; bendita tú entre las mujeres.

3. El Primer Encuentro
4. La Misión: Ser Apostol

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice:

 

—«Éste es el Cordero de Dios.»

 

Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta:

 

—«¿Qué buscáis?» 

En aquel tiempo, al ver Jesús a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor.» Entonces dijo a sus discípulos:

 

—La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.

 
"Habla Señor, quiero escucharte".

Música: "No temas", de Valivan; "Nuvole Bianche", de Ludovico Einaud

Lectio

Lectio

El joven Samuel servía al Señor al lado de Elí. En aquellos días era rara la palabra de Señor y no eran frecuentes las visiones.

 

Un día Elí estaba acostado en su habitación. Sus ojos habían comenzado a debilitarse y no podía ver. La lámpara de Dios aún no se había apagado y Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde se encontraba el Arca de Dios. Entonces el Señor llamó a Samuel. Este respondió: «Aquí estoy». Corrió adonde estaba Elí y dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado». Respondió: «No te he llamado. Vuelve a acostarte». Fue y se acostó. El Señor volvió a llamar a Samuel. Se levantó Samuel, fue adonde estaba Elí y dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado». Respondió: «No te he llamado, hijo mío. Vuelve a acostarte». Samuel no conocía aún al Señor, ni se le había manifestado todavía la palabra del Señor. El Señor llamó a Samuel, por tercera vez. Se levantó, fue adonde estaba Elí y dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado». Comprendió entonces Elí que era el Señor el que llamaba al joven. Y dijo a Samuel: «Ve a acostarte. Y si te llama de nuevo, di: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”». Samuel fue a acostarse en su sitio.

 

El Señor se presentó y llamó como las veces anteriores: «Samuel, Samuel». Respondió Samuel: «Habla, que tu siervo escucha». El Señor le dijo: «Mira, voy a hacer algo en Israel, que a cuantos lo oigan les zumbarán los dos oídos. Ese día cumpliré respecto a Elí cuanto predije de su casa, de comienzo a fin».

 

(1Sam 3, 1-12)

Meditación

¿Puede un joven sentir la vocación a una consagración especial? ¡Claro que sí! Dios puede hacer sentir su voz a cualquier edad. De hecho, igual que normalmente un joven oye mejor que una persona entrada en años, de la misma forma puede escuchar con más facilidad la voz del Señor. Por supuesto, no a través de los oídos del cuerpo, sino del corazón. Cuanto más pura está el alma, cuanto más libre de las cadenas de los vicios que nos van atando a medida que crecemos, más fácilmente podremos intuir qué es lo que Dios quiere de nosotros. Precisamente en esta perspectiva hay que situar el relato de la vocación de Samuel.

 

La dificultad que experimenta ese chico que ayuda al viejo sacerdote Elí es que «era rara la Palabra del Señor». De hecho, sólo es capaz de reconocerla cuando el anciano le da una pista. Más aún, le da una respuesta, la única posible para el creyente. Si estamos convencidos de que Dios existe, es todopoderoso y nos quiere, no podemos más que decir: «Habla, Señor, que tu siervo escucha». Que el Señor pida lo que quiera. Elí no sabía qué era. Lo que sabía era que ante Dios no vale una evasiva. Si Él nos llama, nuestra felicidad y, en cierto modo, el mismo destino del mundo, se decide en nuestra respuesta.

Preguntas

 

  • ¿Crees que en nuestros días pasa como en los de Samuel, que es difícil escuchar la palabra de Dios? ¿A qué piensas que se debe esta dificultad? ¿Cuántos amigos conoces que hablen sin vergüenza de Dios y con Dios?

  • A Samuel le cuesta mucho comprender que quien le llama es el Señor. Tú estás en un momento de tomar decisiones muy importantes para tu vida. Los proyectos que te planteas, ¿son solamente tuyos o crees que Dios los inspira? ¿Cómo distinguir lo que nace de ti y lo que viene de Dios?

  • ¿Tendrías la misma valentía de Samuel para ponerte incondicionalmente al servicio de Dios, incluso antes de saber qué quiere de ti?

  • Un poco antes del texto se nos dice que es Ana, la madre de Samuel, quien deja que su hijo esté en la casa de Elí. Gracias a eso, pudo reconocer su vocación. Tu familia, ¿estaría dispuesta a dejarte poner los medios necesarios para escuchar la voz del Señor? ¿Por qué sí o por qué no?

  • Gracias a Elí, Samuel puede entender que quien le llama es Dios. ¿Conoces tú a alguien que te pueda ayudar a saber qué quiere Él de ti? ¿Con qué persona cercana a las cosas de Dios tienes confianza suficiente como para contarle lo que te pasa?

 
"Hágase según tu palabra"

Lectio

Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,  a una virgen desposada con un hombre que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María.

 

Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: Dios te salve, llena de gracia, el Señor está  contigo; bendita tú entre las mujeres. Al oir estas palabras, ella,se turbó. Entonces el ángel le dijo:, No temas, María porque has hallado gracia ante  Dios.  Concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo,al que pondrás por nombre  JESÚS. Él será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;  y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón.  Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que va a  nacer será Santo, será llamado Hijo de Dios.  Y he aquí tu parienta Isabel , también ha concebido un hijo en su vejez; y ya está de seis meses, la que llamaban estéril;  porque para Dios no hay nada imposible. Entonces María dijo: He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra.

 

(Lc 1,26-38)

Meditación

“No temas María por que has hallado gracia ante Dios”. Aquí vemos que María es la que cumplido los requisitos que Dios pide a cada uno de sus hijos. Ella, con su vida sencilla se presenta ante Dios como su sierva, y es ella quien colabora en la acción salvadora de Dios, concibiendo a su Hijo único.

 

 “…El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra”  Este acontecimiento es un hecho trascendental para la humanidad, a través de la manifestación plena de Dios en una criatura. Podría decirse que es el vuelco de Dios hacia la humanidad caída por el pecado. Dios que se da al Hombre.

 

“Hágase en mí según tu palabra (el SI de María-)” Vemos entonces que Dios no entró en el mundo por la fuerza; quiso ser libremente aceptado. El sí de María permitió que Dios dijera su sí al mundo. A través de la aceptación de lo que Dios quiere de nosotros Él quiere seguir diciendo sí a los hombres, estar cercano a ellos, salvarlos.

Preguntas

El ejemplo de María la Madre de Dios, debe llevarnos a cada uno de nosotros, a responder a Dios de la mejor forma, aceptando su voluntad.

 

  • ¿Somos capaces de encontranos  también hoy a ese Dios que se hace hombre, para el hombre, por medio de la Encarnación? Ahora nos toca a nosotros hacernos uno con Dios, través de la Palabra y de los sacramentos.

  • ¿Estamos dispuestos a escuchar a  Dios, que se nos comunica por su Palabra? ¿Reconocemos su rostro en los demás y estamos dispuestos a servirlos?

  • El ángel da a María signos de que para Dios nada hay imposible, un signo exterior (su prima Isabel encinta) y otro interior (el Espíritu actuará en ella) ¿Descubro los signos de la actuación de Dios en mi vida y en la de los demás? ¿Me pregunto qué me quiere decir el Señor a través de esos signos?

  • ¿ Sería valiente de decir “hágase” a lo que el Señor me pidiera, sin echar la vista a atrás y ver que Dios me da más de  lo que yo dejo?

 
"Fuimos y vimos"

Música: "¿Qué buscáis?", de Ixcis; "La llamada", de La Voz del Desierto

Lectio

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice:

—«Éste es el Cordero de Dios.»

Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta:

—«¿Qué buscáis?»

Ellos le contestaron:

—«Rabí (que significa Maestro), ¿donde vives?»

Él les dijo:

—«Venid y lo veréis.»

Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; era como la hora décima.

Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice:

—«Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).»

Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo:

—«Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).»

(Jn 1,35-42)

Meditación

Este pasaje narra el primer encuentro de Juan con Jesús. Lo suponemos apoyados en la tradición pues, como ves, el nombre del apóstol no aparece. Lo primero que llama la atención de ese discípulo misterioso al que identificamos con Juan es que conoce al Señor con otro, en este caso con Andrés. Esto aparece en casi todos los relatos en que se narra el primer contacto de alguien con Cristo. El cristianismo no es nunca una aventura individual, sino que nace de una comunidad que busca y conduce a una comunidad que celebra. Ser cristiano significa saber que la relación con el Señor no es algo entre Él y yo solos, sino que de algún modo todos los hombres ―y desde luego, mi familia y amigos― estamos implicados en la fe. En la vida los amigos son muy importantes. A veces su propia inquietud es la que nos lleva a la fe. Otras, sus dudas nos impulsan a reforzar la nuestra para poder ayudarle. En ocasiones podemos rezar juntos y, a su lado, se encuentra alguien con quien no da vergüenza hablar de Dios. No cabe duda: un amigo cristiano me puede acompañar hasta Cristo.

 

Juan y Andrés no están solos. Ellos siguen a Jesús porque hay alguien, el Bautista, que les indica quién es. La fe siempre nace del testimonio de otros: de los padres, de un sacerdote, de un catequista, de un profesor. Fíjate en un detalle: en ningún momento el Bautista quiere detener a los discípulos. Podría haberse sentido celoso de perder dos seguidores. Por el contrario, se alegra de que reconozcan a Jesús y le sigan. Este es un criterio muy importante para ver quién es de verdad un buen testigo: no el que hace que nos quedemos contemplando su persona, sino el que apunta a Jesús y, cuando caminas hacia Él, desaparece. En la Iglesia el único Maestro es Cristo. Los demás somos todos discípulos.

 

Es Jesús quien da el primer paso. La primera palabra es siempre la suya: «¿Qué buscáis?». Él se interesa por tus inquietudes, por tus deseos, por lo que buscas. A Él le importas. Cualquier cosa que te interese, Le interesa. Lo que te preocupa, Le preocupa.

 

«Maestro, ¿dónde vives?». Los dos discípulos captan enseguida el lenguaje de la fe. Igual que Cristo se interesa por ellos, ellos se interesan por Cristo. La vida cristiana es siempre un descentrarse, vencer el egoísmo, considerar que lo importante no soy yo, sino Él. El gran error del hombre es pensar que fijándose en sus propias cosas alcanzará la felicidad. Uno sólo es dichoso cuando vive pensando en el otro. ¡Sólo el amor nos hace felices, y sólo el Amor Absoluto, el de Dios, nos hace absolutamente felices!

 

Jesús les invita: «Venid y veréis». El cristianismo no es aceptar una doctrina cualquiera ni un sistema moral. Ante todo es la experiencia gozosa de estar con Cristo, de entrar en su amistad, de vivir con Él, de compartir toda la existencia. Dios ha querido vivir contigo para que tú, si quieres, puedas Vivir para siempre con Él.

 

Esa experiencia de Juan es tan intensa que se acuerda hasta de la hora: «Era como la hora décima», o sea, en torno a las cuatro de la tarde.

 

En cuanto Andrés pasa un día con Cristo no se resiste a llevar ante Él a su hermano Simón. La fe es contagiosa. Cuando se vive de verdad uno quiere compartirla. Estoy seguro de que hay alguien en tu entorno a quien le interesaría conocer al Señor. ¿Se lo has presentado alguna vez?

Preguntas

  • ¿Tengo algún amigo cristiano con quien comparto mi fe, mis dudas, mis experiencias de oración? Mis mejores amigos, ¿me animan a creer o me alejan de la fe?

  • ¿Qué personas me han llevado a Cristo, como Juan el Bautista a Andrés y Juan?

  • ¿Tengo un ámbito ordinario donde pueda escuchar la palabra que Cristo me dirige a mí personalmente?

  • ¿Creo que es de verdad el amor lo que nos hace felices? ¿Me dejo vencer por el egoísmo? ¿Dialogo sinceramente con el Señor? ¿La oración, me llena o me aburre? ¿Cómo la hago?

  • ¿Vivo con Cristo? ¿La fe es para mí una relación amistosa con el Señor o unas simples creencias que he aceptado desde niño?

  • ¿Recuerdas alguna experiencia tan intensa de relación con Dios que, como Juan, se ha fijado en tu memoria hasta la hora y el lugar? ¿Quieres compartirla?

  • ¿He hablado a alguien de Cristo? ¿Hay alguien que crea gracias a mi testimonio? ¿Me da vergüenza confesar mi fe o lo hago con valentía?

 
"Me llamó por mi nombre..."

Lectio

Meditación

En aquel tiempo, al ver Jesús a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor.» Entonces dijo a sus discípulos:

—La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.

Llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia.

Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el Zebedeo, y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó.

A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:

—No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel.

Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis.

 

(Mt 9,36-10,8)

 

Querer a alguien significa fiarse de él. Por eso, Jesús siempre confía a sus amigos una misión. En el caso de Juan esa misión, anunciada ya en cierta manera cuando le invitó a ser «pescador de hombres», consiste en ser apóstol.

 

El Señor llama a sus apóstoles tras apiadarse de la multitud, que contemplaba como ovejas sin pastor. Traducimos por «compadecer» un verbo griego tan intenso que, de hecho, no tiene fácil versión castellana. Vendría a ser algo así como «se le conmovieron las entrañas». Lo cual nos da una idea de lo que le importa a Jesús que la gente tenga buenos pastores. Para eso va a llamar a los doce apóstoles a través de los cuales instituirá en la Iglesia el sacerdocio: para que no falten en el mundo quienes apacienten a su pueblo en su nombre y prolonguen la compasión de Dios por ellos.

Jesús no anima con frecuencia a sus discípulos a pedir cosas. De hecho, apenas unos capítulos antes había dicho: «Al orar, no habléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería serán escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo» (Mt 6,7-8). Que aquí exhorte a pedir que no falten los sacerdotes necesarios, «que mande obreros a su mies», quiere decir sencillamente que se trata de algo muy importante para Él.

 

A continuación, Jesús confiere a los apóstoles autoridad para realizar exorcismos y curaciones, les dice que de momento han de limitarse a Israel y que han de predicar la Buena noticia del Reino. Habrán de liberar a los seres humanos de todo aquello que les oprime, de aquello que les esclaviza, fundamentalmente del pecado, que es la causa de todos los males y esclavitudes. Es decir, les ordena que hagan lo que Él mismo hace. Eso es un sacerdote: un alter Christus, otro Cristo.

 

La lista de los nombres de los apóstoles no se da por mera curiosidad. Enumerarlos significa reconocer la importancia que para el Señor tiene cada persona. Ante Él no somos un número, sino un nombre y un rostro. A pesar de nuestras debilidades y pecados, Jesús se fía de nosotros, de cada uno, y nos confiere una misión.

 

Ahora bien, tal misión nunca la realizamos solos. Sólo es apóstol quien está en el grupo de los doce. Sólo es cristiano quien está en la Iglesia. Sólo evangeliza quien cumple el precepto de amar a los otros como Cristo nos ha amado.

Preguntas

  • Jesús confía a Juan la misión de ser apóstol. ¿He descubierto qué misión me confía a mí? ¿Qué medios me doy para descubrirla?

  • Al ver a la multitud, el Señor se conmueve porque los contempla como ovejas sin pastor. ¿Crees que esta definición puede aplicarse también a los jóvenes de hoy? ¿Por qué?

  • Para Jesús es muy importante la existencia de sacerdotes. ¿Y para ti? ¿Cómo valoras el ministerio de los sacerdotes? ¿Sientes, como el Señor, que son imprescindibles para la Iglesia, para el mundo, para ti?

  • ¿Me he planteado alguna vez que Jesús puede estar llamándome a ejercer el ministerio apostólico o a consagrarme a Él de una manera especial? En caso afirmativo, ¿qué razones me impulsarían a darle una respuesta positiva y cuáles me echan atrás?

  • ¿Qué importancia tiene para mí la comunidad? ¿Me inserto en ella o creo que puedo vivir mi cristianismo «al margen»?

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