• Padre Antonio Jiménez

La soltería, ¿una verdadera vocación?

Updated: Jan 5, 2019

La soltería de la que me gustaría hablaros en estas líneas no se refiere a aquel estado provisional del que todavía no se ha casado, sino al estado definitivo de una persona que no ha encontrado a nadie a la cual entregar su vida. Me parece que debemos partir de una distinción fundamental con respecto a este tema.
Existen dos tipos de soltería: aquella que es buscada por egoísmo o simple comodidad, pues amar de verdad duele y “complica” la vida, y otra que es fruto de no haber encontrado a una persona a la cual entregarse para siempre por circunstancias ajenas a la voluntad.

Sobre este segundo tipo de soltería me gustaría que reflexionáramos un momento. La pregunta que rápido nos sorprende es esta:


¿la persona soltera está resignada a no tener vocación? ¡¡Claro que no!!


Todos tenemos una vocación común por el hecho maravilloso de haber sido creados a imagen y semejanza de Dios: nuestra vocación es amar. Somos imagen de un Dios que es Amor. Por eso solo amar y darnos es lo que nos hace felices y plenamente libres, pues esto responde a la verdad de lo que somos. Solo el amor cumple la vida. Se puede vivir sin casarse, pero no se puede vivir sin amor.

Si esto es así, una persona soltera tiene vocación, pues está llamada a amar y a entregarse en las circunstancias concretas de su vida.

Siempre podemos darnos y compartir lo que somos con las personas que están cerca de nosotros. Además el soltero, por no estar comprometido con nadie, goza de mayor libertad y disponibilidad para comprometerse con más gente y con más proyectos.

El soltero no está “comprometido”, pero no es una persona sin compromisos, sino que está llamado a entregar su vida como regalo a los demás.

El Bautismo nos iguala a todos y funda nuestra vocación común a ser santos. El soltero no puede renunciar a esta vocación y está llamado a buscar la santidad entregando “su soledad” en favor de tanta gente como encuentre en su diario vivir. La persona soltera nunca puede renunciar a desarrollar sus capacidades personales y a poner todo lo que es y tiene al servicio del mundo y de la Iglesia. De esta forma, mostrándose siempre en disposición de hacer, su aparente soledad y vida sin compromiso, se convertirán en un regalo fecundo para muchos.

Nuestra libertad no es absoluta. Es cierto que muchos no eligen ser solteros y lo son. Por eso la verdadera sabiduría está en saber vivir la realidad que nos ha tocado descubriendo dentro de ella todos los cauces que nos ofrece para amar. La felicidad no consiste, en el fondo, en ser soltero, casado, cura o monja, sino en vivir plenamente lo que somos en amistad con Dios y con los demás. Jesús no nos llama a la comodidad, sino que, en cualquiera de las vocaciones, nos invita a vivir el amor de una forma generosa, gratuita y entregada.

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